La competencia en el mundo se divide aproximadamente en dos caminos: uno es la competencia imitativa, que consiste en aprender las mejores prácticas existentes en la industria, copiar, optimizar y competir en la misma dimensión dentro de reglas establecidas; esencialmente, busca obtener un mayor orden en un sistema de stock. El otro es la competencia creativa, que no responde primero a "cómo lo hacen los demás", sino que cuestiona "por qué las reglas son como son", redefiniendo así el problema en sí mismo y abriendo un nuevo espacio de competencia. El primero depende de adaptarse a la estructura existente, y su fin suele ser la homogeneidad y la involución; el segundo depende de reconstruir los límites cognitivos, y el resultado es la creación de nuevos mercados y sistemas de evaluación. El aprendizaje humano comienza con la imitación, pero el verdadero punto de inflexión está en si se pasa de la imitación a la recreación: así es con el lenguaje, así con las organizaciones, así con los productos. Cuando una persona comienza a cambiar la definición del problema en lugar de optimizar las respuestas existentes, pasa de ser un competidor a un creador de reglas.

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