La confusión de muchas personas no es porque no conozcan la respuesta de la vida, sino porque viven por mucho tiempo en una estructura que carece de retroalimentación: las cosas que hacen cada día no muestran resultados, las elecciones no tienen una retroalimentación positiva clara, y el cerebro solo puede depender de las emociones para juzgar la dirección, por lo que oscila repetidamente y duda de sí mismo; además, en la sociedad moderna hay demasiadas opciones pero poca disciplina, las personas no son entrenadas continuamente por un sistema estable ni han establecido su propio mecanismo de salida y calibración, y finalmente flotan entre la información y los deseos. El verdadero problema no es encontrar la respuesta correcta, sino volver a entrar en una estructura que pueda generar retroalimentación continua, para que el comportamiento pueda ser calibrado por los resultados y las personas puedan recuperar su propio juicio sobre sí mismas.

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