Cuando una persona comienza a observarse a sí misma de manera continua y a responder al mundo de una forma relativamente estable, su comportamiento va formando gradualmente patrones fijos, y la retroalimentación comienza a acumularse y volverse rastreable.


A medida que aumentan las experiencias repetidas, el cerebro ya no depende de las emociones para juzgar la dirección, sino que se apoya en los resultados de comportamientos previos para corregir las elecciones, disminuyendo así el dominio de las emociones.
Cuanto más estable es el comportamiento, más predecibles son los resultados, más clara es la comprensión de uno mismo y menor es la ansiedad.
Finalmente, una persona no se vuelve estable porque controle el mundo exterior, sino porque comienza a comprender y predecir su propia trayectoria de comportamiento, obteniendo así una sensación interna de certeza.
Ver original
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
  • Recompensa
  • Comentar
  • Republicar
  • Compartir
Comentar
Añadir un comentario
Añadir un comentario
Sin comentarios