Lo que realmente marca la diferencia en la vida de las personas no es la información, la educación o el esfuerzo en sí mismos, sino la capacidad de pensar de forma independiente y profunda sobre los problemas. Muchas personas se quedan solo en "cómo hacerlo" ante un problema; unos pocos preguntan "por qué sucede esto"; y aún menos continúan indagando hasta ver las estructuras, reglas y mecanismos subyacentes. En apariencia, la diferencia es solo la profundidad del pensamiento, pero en esencia es una diferencia en la forma de procesar la información: la información ya es abundante, lo realmente escaso es la capacidad de descomponer y recomponer la información. El pensamiento profundo no es pensar más, sino negarse a aceptar conclusiones directamente, preguntar constantemente las razones y finalmente penetrar los problemas superficiales para comprender el nivel sistémico. La gente común resuelve problemas; los expertos comprenden cómo se crean los problemas. Los primeros reparan los resultados; los segundos cambian las reglas. Por lo tanto, el núcleo de la brecha no está en cuántas cosas se hacen, sino en si uno está repitiendo el mismo tipo de problemas o acercándose constantemente a la esencia de los mismos.

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