Un amigo de la universidad había estado sin trabajo durante casi 5 años, así que muchos de nosotros decidimos ayudar.


Se recaudaron unos $9,500 para que pudiera adquirir una habilidad con salida laboral o finalmente lanzar el negocio del que había estado hablando durante años.
En cambio…
Anunció que se casaba.
Su explicación fue que tener algo de dinero en mano le hizo sentir que era el momento adecuado para asentarse.
Luego lo complementó con otra petición:
Se esperaba que la boda costara más de $25,000, y pidió a todos los que ya le habían ayudado que contribuyeran nuevamente.
Ese fue el momento en que la gente se dio cuenta de que el problema nunca había sido la falta de apoyo.
Era una falta de prioridades.
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