Alguien dice que lo más importante en una relación de pareja es tener la misma mente. La otra mitad abre una empresa para vender software, entonces ambos venden software; si montan un puesto para vender youtiao, entonces ambos venden youtiao. Cuando el negocio crece, se alegran juntos; cuando fracasa, asumen las consecuencias juntos. Muchas personas piensan que lo más importante en el matrimonio es el amor, el romance, la pasión. Pero estas cosas suelen aparecer en los momentos de buena suerte. Lo que realmente pone a prueba el matrimonio nunca son las flores y los aplausos, sino los momentos difíciles y la presión. Cuando una persona pierde su empleo, fracasa en su emprendimiento, se enferma, se endeuda, ¿la otra empieza a calcular ganancias y pérdidas o elige mantenerse en la misma dirección? Solo en ese momento se puede ver el verdadero carácter del matrimonio. Por eso, la cualidad más valiosa en el matrimonio no es necesariamente la virtud o la capacidad, sino la disposición a convertirse en aliados mutuos en los momentos clave. Añadir flores en la cima no es difícil, lo difícil es compartir las dificultades. Muchas personas pueden disfrutar juntas del resultado, pero muy pocas pueden asumir juntas las consecuencias. Y esas, son las verdaderas emociones más valiosas en el matrimonio.

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