¿Porque cuanto más prolifera el burocratismo, más se insiste en quién habla primero y quién habla después? ¿Quién ocupa el lugar principal y quién el secundario? Porque en los sistemas burocráticos, lo que se disputa no suele ser la riqueza, sino el poder de interpretación. Cuando los valores son difíciles de cuantificar y la responsabilidad difícil de atribuir, quien tiene el poder de definir el problema, tiene más facilidad para definir el mérito; quien tiene el poder de resumir las conclusiones, tiene más facilidad para distribuir la responsabilidad. Por lo tanto, el orden de las intervenciones ya no es solo una cuestión de etiqueta, y la posición en la mesa ya no es solo una formalidad, sino una codificación pública de la estructura de poder. La persona que habla primero marca la pauta, decide sobre qué se discute; la que habla al final decide la conclusión, determina cómo se evalúa la situación. El mercado juzga correcto o incorrecto por las ganancias, mientras que en el sistema burocrático, la jerarquía decide más sobre la interpretación. Los hechos determinan qué ocurrió, pero el poder discursivo decide en qué creen finalmente las personas que ocurrió.

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