La mayor pérdida de una persona, a menudo no es la falta de capacidad, sino el desequilibrio de carácter.


Las personas que son tercas, pierden por no poder dejar de lado el orgullo, y así pierden oportunidades, relaciones y crecimiento;
las personas que son sensibles, pierden por no poder mantener los límites, y por ello cargan con responsabilidades y costos que no les corresponden.
La primera está atrapada en su autoestima, la segunda en su bondad.
Las personas verdaderamente maduras no se vuelven duras o frías, sino que saben cuándo bajar la cabeza y cuándo rechazar,
sin dejarse llevar por la apariencia ni por las emociones.
Ver original
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
  • Recompensa
  • Comentar
  • Republicar
  • Compartir
Comentar
Añadir un comentario
Añadir un comentario
Sin comentarios
  • Fijado