La mayor falla del viejo orden no es tener pocas etiquetas, sino demasiadas. Educación, título, empresa, ingresos, en esencia, son etiquetas de identidad, que prueban en qué sistema eres reconocido, no qué has creado para el mundo. Cuando la educación se vuelve más común, los certificados más abundantes y los títulos más baratos, las etiquetas de identidad ya han comenzado a inflarse como una burbuja. El viejo orden registra tu identidad, el nuevo mundo verifica tu valor; el viejo orden se preocupa por quién eres, el nuevo mundo se preocupa por lo que has dejado. El activo más importante del futuro no son los títulos, sino las obras; no el currículum, sino la influencia; no las etiquetas que otros te dan, sino las huellas que dejas en el mundo.

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