Las relaciones entre las personas no son automáticamente sólidas por lazos de sangre o estatus, en esencia todavía se basan en necesidades, valores y una gestión a largo plazo. Cuando eran niños, dependían de sus padres para obtener seguridad y recursos para sobrevivir, por lo que los padres tenían más control; al crecer, con el aumento de la independencia, esta dependencia se reduce gradualmente, y la relación pasa de ser "tener que estar juntos" a "querer estar juntos". Por lo tanto, el afecto familiar, la amistad y el amor en la adultez no pueden mantenerse solo por responsabilidad o moralidad, sino que requieren crear valor continuamente, mantener el respeto y reducir el consumo. Una relación verdaderamente duradera no se controla ni se exige, sino que se construye poco a poco en la comprensión mutua y en la necesidad mutua.

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