Muchas personas piensan que no pueden vivir sin los demás porque aman demasiado. Pero la realidad suele ser: construyen su valor en base a "ser necesitados". Así, ayudar a los demás se convierte en una forma de demostrar su propio valor, cuidar a los demás en una forma de identidad, y salvar a los demás en una manera de encontrar significado. El verdadero problema nunca ha sido dar demasiado, sino que una persona no puede confirmar: cuando nadie me necesita, ¿sigo teniendo valor? La llamada complejidad de la santa madre, en esencia, no es amar demasiado, sino depositar su valor en la vida de los demás. Cuanto más intenta salvar a los demás, más necesita salvarse a sí misma. El amor verdaderamente maduro no es asumir el destino de los demás, sino mantener la buena voluntad y también permitir que los demás sean responsables de su propia vida. Porque el crecimiento nunca ha sido aprender a cuidar a todos, sino aprender a vivir su propia vida.

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