La cocina cantonesa es realmente buena. Al principio parecía ligera y sin gracia, pero con el tiempo uno empieza a apreciar su maravilla:


Primero, la frescura. Todo se corta y prepara al momento, y se cocina de diversas maneras para maximizar el sabor natural de los ingredientes.
Segundo, la autenticidad. Se presta mucha atención a la pureza de los ingredientes, diciendo que la carne tiene su sabor a carne y la fruta su sabor a fruta.
Tercero, la perfección. Los platos parecen sencillos, pero detrás hay un trabajo muy meticuloso.
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