El estrecho de Ormuz acaba de convertirse en una línea roja.



Ya no es una advertencia. Es un desencadenante.

Entre el 10 y 11 de junio, EE. UU. lanzó lo que llama ataques aéreos de “autodefensa” en múltiples objetivos dentro de Irán.
El Secretario de Defensa no se anduvo con rodeos: se bombardearán más instalaciones clave iraníes.

¿La respuesta de Irán?

Cerró el estrecho de Ormuz a todos los buques.
¿Algún barco que intente pasar? Atacado.

Misiles disparados contra bases estadounidenses.

Un helicóptero militar estadounidense derribado.

El frágil alto el fuego no solo se está agrietando, sino que se está colapsando.

Y los mercados lo están notando.
El crudo WTI subió más del 3% – ahora por encima de $92 el barril.

Deja que eso se asiente:
El estrecho maneja aproximadamente el 20% del comercio mundial de petróleo.
Un cierre. Una represalia. Un error.
Y las cadenas de suministro desde Europa hasta Asia lo sienten en días.

Esto ya no se trata de política.
Se trata de precios de combustible, seguros de envío y el verdadero costo de la escalada.

Dos preguntas que vale la pena hacer hoy:

¿Cuánto tiempo pasará antes de que el petróleo a $100 parezca normal?

¿Quién interviene antes de que un misil errante decida el próximo titular?

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#USIranConflictEscalates
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