Una broma de Jensen Huang que resonó con innumerables niños de Asia Oriental.


Desde pequeños vivimos en una educación basada en la culpa:
Los padres siempre dicen cuánto sacrificaron por nosotros, ahorrando y comiendo con austeridad solo por nosotros,
Con el tiempo, la felicidad se convirtió en un pecado, y lo ordinario en una traición.

No se puede negar que el esfuerzo de los padres es real y profundo, la educación tradicional nos enseña a soportar dificultades, a ser ambiciosos y responsables.
Pero el error está en convertir el sacrificio en un chantaje moral, y las expectativas en una jaula mental.

El amor verdadero no debería hacer que los niños vivan toda su vida en deuda.
Los padres no necesitan apostar toda su vida en sus hijos,
y nosotros tampoco debemos gastar toda nuestra existencia en autoimposiciones para pagar este peso de sacrificio.
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