Las personas ya han formado un juicio sobre ti a través de tu comportamiento antes de conocerte realmente.


Si tus movimientos son pausados, si tu mirada es estable, si tu postura es relajada, si hablas con prisa por obtener retroalimentación, todo esto transmite una señal al mundo: si estás en control de la situación o si buscas aprobación.
Pero estas expresiones externas no son la raíz; a menudo son solo el resultado del estado interno de una persona.
Lo que realmente determina la presencia y el atractivo de alguien no es imitar deliberadamente movimientos lentos, mantener contacto visual forzado o aprender ciertas habilidades sociales, sino si en el interior posee metas estables, un sentido de autoestima y un centro de vida independiente.
Cuando una persona enfoca su atención en lo que realmente quiere hacer, en lugar de si los demás aprueban o no, naturalmente se mostrará más tranquila, estable y con límites claros.
Y esa certeza que surge de adentro hacia afuera es la fuente más profunda de presencia, influencia y atractivo.
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