Mi primera operación fue en abril del 23.



En ese momento tenía un poco más de diez mil, y lo invertí todo en comprar una criptomoneda de imitación, porque en la comunidad decían con mucha fuerza que "seguramente subirá 10x".

Calculé que no necesitaba 10 veces, solo duplicar para poder comprar una mejor cámara, ¿no te parece tentador?

Pero dos semanas después, el precio de la moneda cayó un 60%.

No huí.

¿Y por qué?

Porque no quería aceptar la derrota. Siempre pensaba "ya perdí tanto, quizás esperando un poco más vuelva a recuperar". Esa es probablemente la enfermedad común de todos los inversores minoristas.

Luego siguió cayendo. 80%. 90%.

Al final, solo lo tomé como pagar la matrícula.

¿Y en qué cambió realmente mi percepción esta experiencia?

Descubrí que no estaba "invirtiendo", sino "jugando".

¿En qué se diferencia?

Las personas que juegan no miran las probabilidades, solo las cuotas. Los inversores primero preguntan la tasa de éxito, luego calculan la posición.

Después de esa vez, me puse una regla:

Límite de pérdida del 20%, cuando llegue, salgo, nunca lucho contra la tendencia.

Luego empecé a estudiar seriamente datos en la cadena, flujos de los creadores de mercado, distribución de direcciones de las carteras.

Estas cosas no te permiten encontrar monedas con 100x, pero sí te ayudan a evitar la mayoría de las monedas que se vuelven cero.

Por eso, esa "operación que cambió mi percepción" no siempre significa que ganaste mucho dinero.

A veces, esa operación que te hace perder dinero, es la verdadera bifurcación.
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