Los expertos en sexualidad dicen:


“Siempre que no dañes a los demás, la persona debe disfrutar al máximo de su propio cuerpo y satisfacer sus deseos.
El amor verdadero no es una actuación forzada para mantenerlo, sino una ternura oculta en los detalles.
Las casas y el dinero traen estabilidad, pero disfrutar libremente de la verdadera vida, aceptar con calma los deseos,
tener un amor que no necesita ser ‘conservado’ artificialmente, es el mejor estado de vida.
No dañar a los demás es la línea base de ser humano;
no defraudar a uno mismo es una práctica de toda la vida.
No humillarse ni forzarse, esa es la actitud más responsable hacia la vida.”
Esta frase revela la verdad más tensa de la vida contemporánea.
Muchísima gente pasa toda su vida disfrazándose, reprimiéndose, sintiéndose frustrada, viviendo según los estándares mundanos, en las expectativas de otros.
Acostumbramos a reprimir deseos, ocultar la sinceridad, conformarnos en las relaciones, dejando la dignidad para los demás y el cansancio para nosotros mismos.
Pero, en realidad, una vida madura no consiste en restricciones y control, sino en mantener los límites y seguir el corazón con libertad, en ser transparente y auténtico, sin culpar a otros ni traicionarse a uno mismo.
Zhou Guoping dijo una vez: “La mayor lucidez de una persona es mantener los límites, aceptar los instintos y ser fiel a su corazón.”
Los deseos son un instinto de la vida, nunca un pecado original.
Anhelar ternura, disfrutar de la relajación física y mental, buscar comodidad y libertad, son la expresión más auténtica de la humanidad.
No hay que avergonzarse por ello, ni reprimirlo deliberadamente, y mucho menos desgastarse a uno mismo.
Los deseos en sí son puros y honestos, lo que realmente hay que mantener firme son los límites de ser honesto, leal, no engañar, no traicionar, no herir ni ser negligente con los demás.
Bajo la premisa de no hacer daño a otros y mantener la fidelidad a uno mismo, aceptar con calma y alegría lo que uno es, esa es la forma de vida más elevada.
Las relaciones adultas, lo que más se evita, es actuar artificialmente o forzar la conservación.
Muchas relaciones ya están llenas de agotamiento, sin ternura, sin tolerancia, sin complicidad, solo quedan la apariencia de mantenerlas y las actuaciones de cercanía fingida.
Dos personas se consumen mutuamente, se conforman, sosteniendo la apariencia de completitud por la mirada del mundo, y manteniendo la estabilidad a costa de la fuerza.
Pero el amor verdadero nunca requiere esfuerzos por agradar o fingir.
Se oculta en los pequeños detalles, en el cariño natural, en una convivencia relajada y libre, en una estabilidad que no necesita ser forzada, en la sanación que surge de la conexión cuerpo-mente.
Las riquezas materiales externas pueden dar confianza y estabilidad en la vida, pero no llenan el vacío interior ni curan el cansancio del alma y el cuerpo.
Por mucho que haya propiedades o ahorros, solo protegen la vida, no alimentan las emociones marchitas ni el corazón reprimido.
Una vida de alta calidad no consiste en acumular bienes, sino en la relajación del cuerpo y la mente.
En aceptar con valor el propio corazón, enfrentar con calma los deseos, tener relaciones auténticas y relajadas, vivir sin forzar, sin conformarse, sin desgastarse.
Yoshio dijo: “La verdadera elegancia es perdonarse a uno mismo.”
La vida dura solo unas décadas, y la forma más tonta de vivir es seguir frustrándose y forzándose una y otra vez.
Conformarse con la propia esencia para encajar, reprimir deseos para mantener la dignidad, conformarse en las relaciones para completar, y al final, gastar toda la pasión y perder la ternura, viviendo agotados y reprimidos.
El significado último de vivir no es ser perfecto a los ojos de otros, sino vivir cómodo y con sinceridad con uno mismo.
No dañar a los demás es la bondad y la línea base en las relaciones humanas.
Ser sincero con los demás, actuar con honestidad, no jugar con los sentimientos, no consumir las emociones, no defraudar la confianza, mantener la moral y la conciencia, son la base más sólida para caminar en el mundo.
Y no defraudar a uno mismo es una práctica de toda la vida.
Aprender a aceptar todas las emociones y deseos, permitirse relajarse, disfrutar de lo hermoso, sin desgastarse ni atarse a uno mismo, sin humillarse ni conformarse.
El mejor estado de vida es: tener límites en el corazón, libertad en el cuerpo, pertenencia en los sentimientos, vivir con autenticidad.
No hay que fingir perfección, ni esforzarse en mantener relaciones, ni reprimir los deseos del corazón.
Amar con sinceridad, soltar con calma cuando duele, luchar por lo que se desea, relajarse y sanarse cuando se está cansado.
La vida valiosa, y que todos podamos mantener nuestros límites y vivir con el corazón abierto.
No dañar a otros, no contradecirse, no conformarse, no desgastarse, aceptar con calma la verdadera naturaleza de la vida en medio del mundo, disfrutar de la ternura de la vida, ser fiel a uno mismo, vivir de manera relajada, libre, honesta y plena.
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