El sufrimiento humano no proviene completamente de la realidad en sí misma, sino que muchas veces proviene de las identidades, estándares y expectativas que se nos han impuesto. Cuando una persona internaliza completamente las reglas externas, comienza a autoimponerse restricciones, a juzgarse a sí misma y a agotarse. La orden social ciertamente necesita reglas, pero una vez que las reglas se convierten en creencias sin cuestionamiento, la persona puede perder la capacidad de conectarse con sus verdaderas necesidades. La verdadera libertad no consiste en liberarse de todas las reglas, sino en ver qué reglas son solo herramientas y cuáles ya se han convertido en cadenas.

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