Estos días he estado observando el mercado como si fuera la marea, cuanto más miro, más siento que las opciones son algo que “el tiempo no respeta”. El comprador despierta cada día como si le clavaran un valor temporal en la cabeza, incluso cuando el mercado no se mueve, está perdiendo dinero, en realidad está gastando en una posibilidad que “quizás ocurra”; el vendedor, en cambio, se beneficia de esa procrastinación, mientras no explote de repente, cuanto más pasa el tiempo, más se posiciona a su favor. Pero el vendedor también está inseguro, la prima que recibe es como una pluma que recoge, ligera, y si aparece un cisne negro, se convierte en un peso de plomo.



Luego, esa cadena principal no va a actualizarse/mantenerse, y en el grupo empiezan a especular si alguien migrará su ecosistema, veo que la liquidez en la cadena primero se reduce un poco y luego vuelve lentamente, como los cambios de presión en el pronóstico del tiempo: cuanto más cerca, más tranquilo; después de un tiempo, empieza a desordenarse. De todos modos, ahora entiendo mejor por qué algunos prefieren ser compradores y dormir tranquilos, mientras otros prefieren ser vendedores y apostar a que “el tiempo me ayudará”. Así quedamos.
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