Cuando todavía piensas que alguien siempre te cubrirá las espaldas, eres un niño; cuando descubres que nadie puede cubrirte las espaldas, te duele; cuando aceptas que nadie puede cubrirte las espaldas, pero aún así puedes vivir, colaborar y crear con tranquilidad, es cuando realmente has crecido.

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