La vida quizás sea más como una enfermedad crónica que como un viaje hacia la perfección.


Muchas personas piensan que deben esperar a dejar de estar ansiosas para vivir, a tener éxito para ser felices, a sanar para volver a empezar, pero la realidad suele ser diferente.
El sufrimiento no se irá permanentemente, y las lamentaciones no se llenarán por completo; el verdadero crecimiento no se logra eliminando el dolor, sino aprendiendo a coexistir con él.
La vida no es llegar a la meta después de resolver continuamente problemas, sino que consiste en una larga lucha entre el amor, el deseo, la pérdida, la mediocridad y la obsesión.
No podemos curarnos completamente, pero aún así debemos seguir adelante; no podemos deshacernos de todas las heridas, pero aún podemos crear, amar, escribir y creer.
La vida no comienza después de sanar, sino que en el proceso de avanzar con síntomas, poco a poco convertimos experiencias fragmentadas en fe, y transformamos largos periodos de enfermedad en nuestras propias obras.
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