Este mundo quizás no te proteja porque tengas valor, sino que a menudo te consume precisamente por tu valor.


Muchas personas desde pequeñas son educadas para convertirse en personas útiles, por lo que luchan por demostrar su capacidad, sentido de responsabilidad y fiabilidad, pero muy pocos les dicen que cuando el valor de una persona se basa a largo plazo en satisfacer las necesidades de otros, también se convertirá gradualmente en un objeto de demanda y consumo.
El verdadero peligro nunca es ser excelente, sino que no quede nada más que la excelencia;
no ser valioso, sino que todo el valor provenga del uso.
Cuando una persona se acostumbra a dar, soportar y resolver problemas, los demás verán todo esto como algo natural, y él mismo perderá sus límites en el proceso de satisfacer continuamente las expectativas externas.
Lo que se llama “el uso inútil” no es rechazar el crecimiento, sino reservar aquellas partes que no pueden ser aprovechadas, valoradas ni poseídas completamente.
Porque el mejor estado de una persona no es convertirse en una herramienta, sino que, mientras posee valor, aún conserve el derecho a elegir, a rechazar y a ser fiel a sí misma.
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