La sensación de seguridad nunca proviene de ceder pasivamente, ni de mostrarse demasiado duro. La verdadera sensación de seguridad proviene de límites claros, juicios fríos y de hacerle saber a la otra parte que cruzar la línea tiene un costo. Muchas veces, ceder es una estrategia; muchas veces, contraatacar es necesario. Pero ya sea retroceder o avanzar, no es por miedo, sino porque has visto claramente la situación. Las personas verdaderamente maduras no son solo las que huyen, ni las que siempre alzan la voz ante los problemas, sino aquellas que tienen un camino de retirada y también una actitud firme.

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