Crees que un buen restaurante determina la calidad de una comida, pero en realidad, si una comida te hace sentir satisfecho o no, a menudo depende de si estás saboreando la comida o gestionando relaciones. Cuando comes con alguien muy cercano, no necesitas gestionar expresiones, mantener temas de conversación, adivinar qué piensa la otra persona, ni estar atento a tus palabras y acciones en todo momento. El costo social es casi cero, por lo que la atención puede volver completamente a la comida en sí misma. Los platos llegan y son solo platos, el aroma es solo aroma, el hambre es solo hambre, la satisfacción es solo satisfacción. Pero al comer con personas que no conoces bien, incluso si vas a un buen restaurante, la experiencia de comer será cubierta por otra cosa: la interacción social. Mientras comes, piensas en qué decir, cómo responder, si la atmósfera es incómoda, qué piensa la otra persona de ti. La comida se convierte en un fondo, y lo que realmente consume energía es la interacción en la relación. En este momento, cuanto más elegante sea el restaurante, más se asemeja a un escenario social en lugar de un lugar para disfrutar de la comida.

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