Cuando tienes miedo de ser rechazado, lo que realmente pierdes nunca es la cara, sino la oportunidad.


Muchas personas no se atreven a hablar, no porque no quieran obtener una respuesta, sino porque no se atreven a escuchar esa palabra "no".
Porque en el proceso de crecimiento, ya hemos asociado el rechazo y la negación a nosotros mismos: ser rechazado al confesar amor, que se descarte un plan, que se ignore una petición, experiencias una tras otra que hacen que el cerebro forme una alarma, no hablar, porque podrías lastimarte.
Pero luego te darás cuenta de que la mayoría de las veces, lo que rechazan no eres tú, sino tu momento, tu forma, tu plan, e incluso solo su situación actual.
Lo que realmente cambia a una persona no es dejar de ser rechazado, sino aprender a desensibilizarse en medio de rechazos, aprender a preguntar las razones, aprender a no tomar las respuestas de otros como su propio valor.
Cuando comienzas a enfrentar el rechazo de manera activa, lo que recuperas no es coraje, sino el control activo de tu vida.
Porque lo que decide tu futuro nunca es cuántas veces alguien dice "no", sino si estás dispuesto a seguir adelante después de escuchar ese "no".
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