Muchos chinos dicen: “Si no hay otra opción, me dedicaré a repartir comida.” Pero, ¿sabías? Según los datos públicos más recientes, la demanda real de pedidos de comida a domicilio en China es de aproximadamente 4 millones de personas, mientras que el número de personas que realmente ingresan al sistema de entrega instantánea ya se acerca a los 20 millones. Y tú dices: “Tengo coche, no hay problema, puedo conducir para servicios de transporte por aplicación.” Pero muchas ciudades ya han comenzado a emitir alertas de saturación de capacidad. Algunas ciudades con decenas de miles de conductores con licencia están compitiendo por pedidos limitados. Un promedio de diez pedidos diarios se ha convertido en la norma.


El problema ya no es si repartir comida a domicilio funciona o no. Tampoco si conducir para servicios de transporte por aplicación funciona o no. Sino: todos piensan que ese es un camino de escape. Y terminan descubriendo: todos los caminos de escape conducen al mismo lugar.
El motivo por el cual los refugios del pasado eran considerados refugios no era porque el trabajo fuera fácil, sino porque había pocas personas. Cuando los desempleados, los emprendedores fracasados, las industrias en declive y los recién graduados van allí, ese lugar deja de ser un refugio.
Muchos aún no se han dado cuenta de una cosa. La comida a domicilio y los servicios de transporte por aplicación alguna vez representaron: la última movilidad social. La educación, la edad y el trasfondo no importan. Hoy en día, registrarse y ganar dinero al día siguiente. Por eso, la gente piensa erróneamente: “Mientras esté dispuesto a sufrir, siempre habrá un camino.”
Pero cuando cada vez más personas ingresan simultáneamente, el problema empieza a cambiar. No es que no haya caminos. Es que: los caminos todavía están, pero ya no pueden acomodar a todos. Cada vez más personas comienzan a ver un mismo sector como su última protección en la vida. Y cuando una sociedad tiene demasiadas personas dependiendo de la misma protección, esa protección misma se vuelve ineficaz.
Lo que realmente inquieta no es que los pedidos de comida o los servicios de transporte por aplicación estén llenos. Es que: la “última vía de escape” en la percepción de la gente está pasando de tener capacidad ilimitada a tener capacidad limitada.
Cuando la última vía de escape también empieza a congestionarse, lo que la gente pierde ya no es solo la opción laboral, sino la certeza sobre el futuro.
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