Muchas heridas no provienen de la malicia, sino de la capacidad.


Algunas personas no saben comunicarse, otras no saben empatizar, algunas no pueden asumir responsabilidades, y hay quienes ni siquiera tienen la capacidad de establecer relaciones cercanas.
No necesariamente quieren herir a alguien, pero la forma en que manejan las relaciones en sí misma seguirá causando heridas.
Y lo realmente sutil es que, cuando entiendes todo esto, te darás cuenta de que comprender las limitaciones de una persona no equivale a aceptar esas limitaciones;
saber que las heridas no provienen de la malicia, tampoco significa que debas seguir soportando esas heridas.
Perdonar es dejar ir el resentimiento, y alejarse es dejar de consumir energía; ambas no son incompatibles.
Por eso, mi respuesta siempre es:
Recoge el paraguas cuando hace viento, cambia la taza cuando el té se enfría.
No por odio, sino por comprensión.
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