Las cualidades de una persona, en sí mismas, son dos caras de la misma moneda.


Si disfrutas de su brillo, debes soportar la sombra que proyecta.
Las personas emocionalmente estables, a menudo también son más controladas y distantes;
las personas con carácter fuerte y ambiciosas, también les cuesta ser verdaderamente dóciles;
las personas románticas, generalmente tienen una mayor intensidad emocional;
las personas independientes, a menudo no son fáciles de depender de los demás.
Si te gusta su diplomacia, debes aceptar sus cálculos;
si te gusta su aviso previo, no resistas su deseo de control;
si admiras su independencia, también debes aceptar que quizás no puedan prescindir de ti.
El mayor malentendido de las personas es pensar que pueden dejar solo las virtudes de alguien y eliminar sus defectos.
Pero la verdadera realidad es:
lo que te atrae, y lo que finalmente te hiere, suele ser la misma cosa.
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