La esencia de la moneda no es que la emita un país, ni que exista confianza solo porque hay un Estado, sino si el mercado está dispuesto a confiar a largo plazo. Y el núcleo de la “confianza” no son los eslóganes, ni el PIB, ni los rascacielos, sino la primera lógica fundamental: si puedes usarla libremente o no. Porque la moneda nunca es solo un número, sino el derecho a disponer de la riqueza. La capacidad de retirarla en cualquier momento, de cambiarla libremente y de moverla libremente, determina si realmente es tu activo o si es solo una cadena de números que otros guardan por ti temporalmente. La verdadera confianza en la moneda no es que parezca estable en tiempos normales, sino que en momentos de riesgo aún puedas disponer libremente de tu riqueza. Entonces, ¿el dinero en tu banco realmente te pertenece por completo?

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