El núcleo de la presión actual sobre el oro proviene de las expectativas de aumento de las tasas de interés de la Reserva Federal y del fortalecimiento resultante del dólar y los rendimientos de los bonos estadounidenses. Aunque el conflicto en Oriente Medio ha escalado, la lógica de negociación del mercado se ha desplazado hacia la cadena "inflación—tasas de interés", y la propiedad de refugio seguro del oro se ha visto temporalmente suprimida.



En el aspecto técnico, los 4580–4600 dólares son una resistencia clave que los alcistas a corto plazo deben superar; si no se rompe, se mantiene un patrón de consolidación con tendencia débil. La fortaleza del soporte en los 4480–4500 dólares determinará si a corto plazo el precio puede seguir bajando hasta los 4450 o incluso los 4400. A medio plazo, la demanda de compra de oro por parte de los bancos centrales, los altos niveles de deuda global y la incertidumbre geopolítica siguen proporcionando un soporte estructural para el oro, pero en el corto plazo, la dinámica es débil, y los inversores deben prestar especial atención a las próximas indicaciones de los datos PCE de esta semana sobre las expectativas de aumento de las tasas.
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