Muchas personas que pueden lograr "logros" no les gusta quejarse.


Esto no se debe a que sean más fuertes, maduros o tengan miedo de molestar a los demás.
Sino que desde pequeños, aprendieron una cosa: expresar el dolor no traerá apoyo.
Cuando enfrentan un problema solos, su padre no lo cubrió, ni le dijo "no es tu culpa",
su madre tampoco consoló sus emociones, ni le permitió ser vulnerable.
Entonces, su cerebro irá formando una especie de juicio subyacente:
la vulnerabilidad es ineficaz, las emociones no resuelven los problemas,
y al final, solo pueden confiar en sí mismos.
Por eso, en su vida posterior, naturalmente saltarán el paso de "pedir ayuda".
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