Cálculo cuántico: Estados Unidos apuesta por 9 empresas, el punto de inflexión de la industria ya ha llegado

En 1947, la familia real danesa otorgó el título de noble a Niels Bohr.

Este pionero de la mecánica cuántica diseñó un escudo familiar muy especial: en el centro no hay león, corona o escudo, sino un símbolo del yin y el yang. Alrededor del diseño, está inscrita una frase en latín: Contraria sunt complementa, que significa “lo opuesto es complementario”.

Esta fue una de las ideas más importantes en la vida de Bohr: los electrones son tanto partículas como ondas; la luz tiene dualidad de partícula y onda. Dos descripciones aparentemente opuestas no se niegan mutuamente, sino que describen juntos un mismo mundo.

Lo interesante es que, cien años después, al volver a discutir sobre la computación cuántica, en realidad todavía no podemos evitar esa misma figura del yin y el yang. La computación cuántica no consiste en hacer las computadoras antiguas más rápidas, sino en aceptar que en el nivel fundamental del mundo no todo es blanco o negro, ni 0 o 1. Es como abrir un espacio gris, fluido, lleno de posibilidades, entre 0 y 1.

Durante mucho tiempo, la computación cuántica parecía una ciencia muy alejada de la realidad. Tiene fundamentos físicos de nivel Nobel, innumerables artículos y avances en laboratorios, pero en la vida cotidiana, en la valoración del mercado de capitales, parecía siempre estar envuelta en una especie de niebla.

Pero ahora, la situación ha cambiado.

El 21 de mayo de 2026, el Departamento de Comercio de EE. UU. anunció que, en virtud de la Ley de Chips y Ciencia, firmó cartas de intención con 9 empresas relacionadas con la cuántica, con la intención de ofrecer 2,013 millones de dólares en incentivos federales. Como condición, el gobierno estadounidense obtendrá una participación minoritaria y no controladora en estas empresas.

Este es otro paso estratégico en el que el gobierno de EE. UU. interviene mediante participación accionaria, tras sectores clave como Intel, tierras raras, litio, etc. Su impacto va mucho más allá de la subida en los precios de las acciones de estas empresas cuánticas: lo más importante es que EE. UU. ha incluido oficialmente la computación cuántica en su lista de industrias nacionales “que hay que ocupar antes que nadie”, dejando de considerarla solo una tecnología del futuro.

Cuando el capital privado y el capital estatal apuestan simultáneamente, y cuando el gobierno comienza a participar en este sector mediante acciones, la computación cuántica deja de ser solo investigación de laboratorio y empieza a convertirse en una nueva industria que los inversores deben entender:

  • ¿Cómo cambiará la realidad?
  • ¿Quién domina las rutas tecnológicas clave?
  • ¿Qué empresas ya están en la mesa?

¿Qué es la computación cuántica?

1. Limitaciones de la computación clásica

Antes de hablar de la computación cuántica, primero hay que entender la computación clásica actual, desde PCs hasta supercomputadoras — todo nuestro mundo se construye sobre ella.

La unidad mínima de una computadora clásica se llama bit, que solo puede ser 0 o 1. Como un interruptor: encendido o apagado.

Una foto, un video, una transferencia bancaria, un modelo de IA, todo puede descomponerse en una enorme cantidad de 0 y 1.

Por ejemplo, la palabra “Apple” en la pantalla no es que la computadora “entienda” esa palabra, sino que primero la divide en caracteres: A, p, p, l, e. Cada carácter tiene un código, por ejemplo, en ASCII: A es 65, en binario 01000001; p es 112, en binario 01110000. Así, la palabra “Apple” en el nivel más bajo se convierte en una cadena de 0 y 1. Luego, la computadora usa archivos de fuente para saber cómo dibujar cada letra, y píxeles en la pantalla para decidir qué puntos están encendidos, cuáles apagados, qué color mostrar. Solo así vemos en la pantalla la palabra completa.

Por eso, las computadoras clásicas no entienden el significado de textos, imágenes o videos en sí mismos. Solo traducen todo a 0 y 1 y procesan esas secuencias a altísima velocidad. El mundo digital moderno se basa en este método “torpe”. Pero es muy poderoso: en las últimas décadas, toda la internet, los teléfonos, los juegos, la computación en la nube y la IA se construyen sobre 0 y 1.

Pero el bit tiene sus límites, porque algunos problemas no se resuelven simplemente “más rápido”, sino que la cantidad de posibilidades es tan grande que, incluso con toda la potencia de cálculo del mundo, sería imposible resolverlos en tiempo razonable. Por ejemplo, una contraseña binaria de 100 bits tiene 2ⁱ⁰⁰ posibilidades. Con la computadora personal más potente, en un escenario ideal, el tiempo de fuerza bruta sería de aproximadamente 1.8 mil millones de años.

Si la contraseña tiene 128 bits y usamos la supercomputadora más rápida del mundo, El Capitan, y asumimos que cada intento requiere una operación, tardaríamos unos 60 billones de años. La edad del universo es 13.8 mil millones de años, así que sería unas 430 veces la edad del universo.

Para 256 bits, el tiempo necesario sería 1.45 × 10⁴¹ veces la edad del universo, o sea, 145 seguido de 39 ceros — ¡el universo no puede esperar tanto!

El avance en chips humanos ya no puede resolver estos problemas exponencialmente crecientes.

Frente a estos problemas de crecimiento exponencial, las computadoras clásicas solo tienen dos opciones:

  • Probar todas las posibilidades, hasta que el tiempo sea inaceptable;
  • O usar algoritmos aproximados en ciertos problemas, aceptando resultados “no necesariamente óptimos, pero suficientemente buenos”.

Así, la humanidad busca un cambio de paradigma en el cálculo.

2. La sorprendente computación cuántica

La unidad básica de una computadora cuántica no se llama bit, sino qubit, o bit cuántico. A diferencia del 0 y 1 clásico, en una computadora cuántica, un qubit antes de ser medido, está en una superposición de 0 y 1.

Esta frase suena extraña. Para entenderla, usa la metáfora de una baraja con dos cartas: rey y sota. Si colocamos una carta boca abajo en la mesa, sin abrirla, no sabemos si es rey o sota, pero ya está determinada: es una u otra. No importa si la vemos o no.

Pero la superposición cuántica es diferente: antes de medir, el qubit está en una mezcla de ambos estados, rey y sota a la vez. Solo cuando medimos, se “colapsa” en uno u otro. La sorpresa es que, en la mecánica cuántica, ¡el acto de observar puede influir en el resultado! Esto desafía nuestra intuición y la forma en que entendemos el mundo.

Por supuesto, el ejemplo es simplificado. La “observación” en mecánica cuántica no significa simplemente “ver con los ojos”, sino que la interacción del aparato de medición y el entorno modifica el sistema cuántico, produciendo diferentes resultados.

Un bit clásico es determinista: es 0 o 1.

Un qubit cuántico es probabilístico: antes de medir, puede estar en una superposición, y solo al observar se obtiene 0 o 1 con cierta probabilidad.

En una computadora clásica, dos bits en un momento dado solo pueden estar en uno de estos cuatro estados: 00, 01, 10, 11.

Pero dos qubits en superposición pueden representar simultáneamente las cuatro combinaciones: 00, 01, 10, 11.

  • Tres qubits: 8 estados posibles.
  • Diez qubits: 1024 estados.
  • Cincuenta qubits: aproximadamente 10 millones de estados.
  • Trescientos qubits: más de 10⁸⁵ estados, ¡más que átomos en el universo observable!

¿Cómo se convierten estas propiedades cuánticas en cálculo? Se necesita un algoritmo cuántico que haga que las respuestas incorrectas se refuercen menos, y las correctas, más. Al final, al medir, la respuesta correcta “amplificada” será la que más probabilidades tenga de aparecer.

Un ejemplo: una computadora clásica busca en la oscuridad, probando una a una las millones de rutas posibles. Si una es incorrecta, vuelve atrás y prueba otra.

Una computadora cuántica hace que todas esas rutas se superpongan en una onda de agua. Los algoritmos cuánticos manipulan esa onda, haciendo que las respuestas correctas se refuercen por interferencia, y las incorrectas se cancelen.

La computación cuántica es un método completamente diferente para encontrar respuestas:

La computación clásica prueba paso a paso. La cuántica usa superposiciones, interferencias y amplificación de probabilidad.

Esa es su diferencia fundamental con las computadoras tradicionales.

  • Aunque las computadoras clásicas sean más rápidas, siguen haciendo cálculos mecánicos entre 0 y 1.
  • La cuántica aprovecha las leyes del mundo microscópico: superposición, interferencia, medición.

Para tareas como romper contraseñas, las computadoras clásicas prueban una a una. Las cuánticas, en cambio, pueden conocer muchas posibilidades a la vez, y mediante algoritmos, encontrar la respuesta más probable, en ciertos escenarios, de forma mucho más eficiente.

Además, la computación cuántica se asemeja más a la “teología” natural: simular una tormenta en la naturaleza puede hacerse con aproximaciones, pero es muy difícil. La cuántica, en cambio, es parte de la naturaleza misma, y entender sus reglas nos acerca a su lenguaje. Feynman dijo: “La naturaleza no es clásica, y si quieres simularla, mejor hazla cuántica”.

El mundo en su nivel más profundo es cuántico. La humanidad, tarde o temprano, necesitará una máquina que funcione según esas leyes para entender y calcular ese mundo cuántico.

3. ¿Cómo cambiará la cuántica el mundo?

La computación cuántica no es una solución mágica. Para tareas cotidianas — ver videos, hacer hojas de cálculo, jugar, entrenar modelos grandes — la computación clásica sigue siendo la mejor opción. La cuántica no será más rápida en esas tareas, incluso puede ser más lenta.

Su valor real está en problemas específicos: aquellos con espacios de estado enormes, donde la respuesta está escondida en un número astronómico de posibilidades, y que además tengan una estructura que pueda aprovechar la interferencia cuántica. En estos casos, la aceleración no será 2x, 10x o 100x, sino un salto de “imposible de calcular” a “posible de calcular”.

Tres tipos de problemas son los más relevantes:

Primero, la criptografía

Hoy, la seguridad de internet, banca, mensajería y comunicaciones gubernamentales depende en gran medida de sistemas como RSA y ECC. En 1994, Peter Shor en Bell Labs propuso el algoritmo de Shor: si en el futuro aparece una computadora cuántica con suficiente corrección de errores, podría romper estos sistemas en mucho menos tiempo que las computadoras clásicas.

Esto se llama el Día Q, o “fin del mundo cuántico”.

Cuando exista una computadora cuántica potente, muchas comunicaciones cifradas, datos financieros y documentos gubernamentales serán vulnerables. Lo más peligroso: “interceptar ahora y descifrar después”: un atacante puede guardar datos cifrados hoy, y en el futuro, con la computadora cuántica, descifrarlos. La seguridad digital actual podría colapsar de un día para otro.

Este es un riesgo enorme, porque toda nuestra civilización depende de la criptografía. Si la cuántica rompe esas barreras, toda la infraestructura digital debe cambiarse con anticipación.

Segundo, la simulación molecular

En 1981, Feynman propuso la computación cuántica para simular moléculas. La interacción de electrones en una molécula es un problema cuántico. La simulación clásica requiere un poder de cálculo que crece exponencialmente con la complejidad del sistema.

La computación cuántica tiene ventajas naturales en esto: como es un sistema cuántico, puede simular otro cuántico de forma más eficiente. Esto permitiría calcular con mayor precisión estructuras electrónicas, niveles de energía y reacciones químicas, acelerando descubrimientos en nuevos medicamentos, materiales, baterías y catalizadores.

Si se logra, podría reducir significativamente los tiempos de descubrimiento y desarrollo de nuevos fármacos, materiales y tecnologías energéticas.

Tercero, la optimización combinatoria

Este problema parece abstracto, pero está en todas partes: rutas logísticas, diseño de chips, programación de vuelos, carteras de inversión, planificación de producción. La idea es encontrar la mejor solución entre millones de opciones.

Un ejemplo clásico: el problema del viajante. Un repartidor debe visitar varias ubicaciones, cada una solo una vez, y volver a la base, minimizando la distancia total. Con muchas ubicaciones, el número de rutas crece exponencialmente: 20 lugares ya son miles de billones de rutas; 30, más de 10⁴⁵. La computación clásica no puede verificar todas en tiempo razonable.

La computación cuántica puede, mediante superposiciones y algoritmos de aproximación, aumentar la probabilidad de encontrar la mejor solución.

En resumen, la computación cuántica no reemplazará a los teléfonos, PCs o GPUs en tareas cotidianas, sino que será una máquina especializada para resolver problemas que la computación clásica no puede abordar en tiempo razonable. Estos problemas afectan áreas clave: seguridad, descubrimiento de medicamentos, energía, finanzas, defensa, y en definitiva, la estructura misma del mundo digital.

4. Los hitos clave en la transición cuántica

Los qubits son muy frágiles: temperatura, ruido electromagnético, vibraciones mecánicas, todos pueden causar errores. Para que una computadora cuántica sea útil, los ingenieros deben usar muchos “qubits físicos” para formar un “qubit lógico” más estable.

Aquí hay una línea de frontera llamada umbral de corrección de errores. Es como si muchas personas copiaran un texto: si cada uno comete errores demasiado frecuentes, no hay forma de corregir. Pero si cada uno comete errores raramente, copiar varias veces y hacer consenso puede reducir los errores globales.

La corrección cuántica funciona igual: si la tasa de error de los qubits físicos está por encima del umbral, agregar más qubits solo aumenta el ruido. Pero si está por debajo, se pueden usar códigos de corrección para crear qubits lógicos más estables, con errores mucho menores.

Este momento se llama cruce del umbral de corrección de errores. Es cuando la computación cuántica pasa de ser inestable a ser confiable.

La primera vez que esto ocurrió fue en diciembre de 2024, cuando Google con su chip Willow logró un error de código Λ = 2.14, lo que indica que por cada 2 unidades de código, el error se reduce aproximadamente en 2.14 veces. En ese momento, el sistema entró en la zona de corrección efectiva. Luego, empresas como Quantinuum, Zuchongzhi 3.2 y QuEra lograron cruzar esa línea con diferentes tecnologías.

Una vez superado ese umbral, la discusión cambió: en lugar de “¿Podremos hacerlo?”, ahora se pregunta “¿Cuándo podremos hacerlo?”.

En los próximos años, se espera que esta línea de avance se consolide.


Resumen de la evolución cuántica

Desde la aparición de Willow, en aproximadamente un año y medio, han ocurrido muchos avances importantes.


Hitos estructurales claros

1. Inversión privada y política simultánea

Los datos del QED-C muestran que, para 2025, la inversión pública global en la industria cuántica alcanzó en total 567 mil millones de dólares. Ese mismo año, la inversión de capital riesgo en el sector fue de 4.9 mil millones, de los cuales EE. UU. concentró 2.7 mil millones, un aumento cercano al 60% respecto a 2024.

Estas cifras corresponden a antes del anuncio del 21 de mayo, cuando el gobierno estadounidense invirtió 2 mil millones en acciones.

En los últimos cinco años, las empresas cuánticas han recibido financiamiento privado principalmente para investigación básica. La inversión de 20 mil millones del 21 de mayo es diferente: es para infraestructura industrial. IBM recibió 1,000 millones para construir la primera fábrica de chips cuánticos en EE. UU., y GlobalFoundries 375 millones para fabricar chips CMOS de control en frío y empaquetado, además de crear un nuevo departamento de “Soluciones en Tecnología Cuántica” para encargarse de pedidos de otros fabricantes.

De estos fondos, 1,375 millones (68%) fueron para esas dos empresas, y los 638 millones restantes se distribuyeron entre siete empresas con diferentes enfoques tecnológicos, con varias aportaciones de 10 millones y una de 3.8 millones a Diraq.

2. ¿Qué impacto tiene en la revolución de la IA?

La respuesta vuelve a la idea de Feynman en 1981: las computadoras clásicas nunca podrán simular con precisión el mundo cuántico, porque sus reglas físicas no son cuánticas.

La IA, especialmente los grandes modelos, se basa en inferencias estadísticas. Aprende patrones en lenguaje, imágenes y videos, pero no puede resolver problemas cuánticos con mayor velocidad que una computadora clásica. GPT-5 puede decirte cómo es un molécula, pero no puede calcular con precisión su distribución de electrones, que es un problema cuántico.

La IA extrae patrones estadísticos, mientras que la computación cuántica simula la física fundamental. Son dos límites diferentes, con aplicaciones distintas. Los avances en farmacéutica, energía, materiales y criptografía en el futuro requerirán máquinas que sean “estructuralmente cuánticas”, no solo más rápidas en tareas estadísticas.

Por eso, en 21 de mayo, IBM invirtió 1,000 millones en fundiciones, no en centros de datos de IA.

3. El tiempo apremia para todos

Primero, la oportunidad. Si la computación cuántica realmente se vuelve práctica entre 2029 y 2033, quien controle la cadena de suministro (fabricación de chips, materiales clave, sistemas de control) tendrá una ventana de 10 años. Es una oportunidad de nivel TSMC o ASML. Empresas, países, inversores, todos deben investigar y apostar.

Segundo, la amenaza. Quien logre llegar primero al Día Q — la “fin del mundo cuántico” — y pueda romper los sistemas criptográficos más fuertes, hará que toda la seguridad digital actual quede obsoleta en una noche. Datos cifrados hoy, si son interceptados y almacenados, podrán ser descifrados en el futuro. La seguridad digital, en su forma actual, puede colapsar.

El dinero de EE. UU. en esta apuesta no es solo un “subsidio”: es una “apuesta y defensa”.

4. Las fases de la industria

Tras cruzar el umbral, ¿quién ganará? Es difícil predecir, pero podemos usar lógica y métodos para reducir la incertidumbre. Se prevé que la evolución pase por tres fases:

Primero, la validación. Quien demuestre que su máquina puede resolver un problema real mejor que la clásica, tendrá la primera oportunidad. Empresas como IBM, Google, Quantinuum y IonQ están en esa carrera. Será un momento similar a la aparición de ChatGPT, pero en el mundo cuántico — y tú, lector, deberías prepararte para ello.

Segundo, la especialización. La computación cuántica se aplicará inicialmente en unos pocos ámbitos de alto valor: descubrimiento de fármacos, simulación de materiales, química, seguridad, optimización financiera, defensa. Son problemas con espacios de solución muy grandes, pero con estructura aprovechable. Quien sepa usarla bien, tendrá un “momento GPT” en esas áreas.

Tercero, la plataforma. Si alguna ruta tecnológica continúa escalando, si el número de qubits crece, si los errores disminuyen, y si el ecosistema de software madura, la cuántica pasará de ser una máquina especializada a una plataforma de cálculo. Entonces, en lugar de vender unos pocos equipos, será un servicio en la nube, con herramientas, algoritmos y soluciones sectoriales, similar a la industria de la IA actual. Esto abrirá oportunidades enormes.

Para seguir la evolución, no hay que obsesionarse con quién sube más hoy, sino entender los pasos y los actores principales en el camino.


¿Quiénes son los jugadores en la mesa?

Al igual que en la cadena de valor de la IA, la computación cuántica tendrá capas:

1. Capa de hardware

Incluye chips cuánticos, wafers, empaquetado, control en frío, circuitos de control, láseres, fotónica, refrigeración, etc. Determina si la cuántica pasa de laboratorio a industria. Empresas como IBM, GlobalFoundries, SkyWater, Diraq y otras están en esa capa.

Pero a diferencia de los chips tradicionales, no hay una única ruta clara. Hay varias tecnologías en competencia: superconductores, trampas de iones, átomos neutros, fotónica, silicio con espín, topología. La pregunta clave es: ¿qué tecnología usará para hacer los qubits? ¿Cuál será más barato, estable y controlable?

  • Superconductores: chips enfriados a temperaturas extremas, con circuitos especiales. Representantes: IBM, Google, Rigetti, Source Quantum.
  • Trampas de iones: átomos en vacío controlados con láser. Representantes: IonQ, Quantinuum.
  • Átomos neutros: láseres para atrapar átomos en una red. Representantes: QuEra, Atom Computing.
  • Fotónica: luz en chips para procesar información cuántica. Representantes: PsiQuantum, Xanadu.
  • Silicio con espín: electrones en silicio. Representantes: Diraq, Intel.
  • Topológico: qubits con menor tendencia a errores. Representantes: Microsoft, aún en desarrollo.

La tecnología es importante, pero debe entenderse en la capa de hardware y fabricación, no como una capa separada.

2. Software y algoritmos

Tener un hardware cuántico no garantiza valor automáticamente. Como en IA, se necesita software: frameworks, compiladores, corrección de errores, algoritmos sectoriales, acceso en la nube. Empresas como IBM con Qiskit, Quantinuum, IonQ, trabajan en esa capa.

3. Aplicaciones

Será la capa más tardía en madurar, pero con mayor potencial. Nuevos fármacos, materiales, baterías, finanzas, criptografía, defensa. Cada área tendrá su historia.

Pero también puede ser una burbuja: decir “en el futuro se usará en…” no significa que hoy ya haya ingresos. Desde la inversión, lo clave es: ¿tiene clientes reales? ¿pagan de forma continua? ¿es imprescindible la cuántica para su negocio?

Por ahora, todavía es temprano.


¿Cómo valorar las empresas cuánticas?

Desde la perspectiva actual, casi todas las empresas puramente cuánticas están sobrevaloradas. Múltiplos de decenas o incluso cientos de veces sus ventas. Tienen ingresos de decenas de millones, y valoraciones de miles de millones. Desde el punto de vista de empresas maduras, esto parece un burdo burbuja.

Pero no es solo burbuja. La valoración de tecnologías emergentes no se basa en beneficios actuales, sino en su potencial futuro. Cuando la marea baja, las pocas empresas que queden serán las que dominen el sector.

Es muy difícil de evaluar. Desde la inversión, hay que reducir riesgos y proteger el capital, con dos criterios:

1. ¿Tiene un negocio principal que lo respalde?

Esto aplica a IBM y GlobalFoundries. Si su negocio principal fracasa, la empresa no desaparece: tiene otras líneas, como software, consultoría, servicios en la nube, clientes corporativos y flujo de caja. La cuántica sería un “gran call de largo plazo”.

Su valoración debe ser: “los ingresos del negocio principal dan un piso, y la cuántica, un techo”. No necesariamente las acciones suben mucho, pero el inversor no teme que la empresa se desplome en una ronda de financiamiento.

En tecnología avanzada, muchas veces no es la física la que derrota a la empresa, sino la falta de flujo de caja. Empresas como GlobalFoundries, que ya son fábricas de chips, pueden beneficiarse si la demanda de chips cuánticos crece. Si no, siguen con su negocio tradicional.

Se valoran como “negocio principal + opción cuántica”.

2. ¿Cuánto vale la opción cuántica?

Esto aplica a IonQ, Quantinuum, D-Wave, Rigetti, Infleqtion. La clave no es cuánto ganan hoy, sino si su ruta tecnológica puede concretarse.

Desde la inversión, hay que seguir preguntas como:

  • ¿Su tecnología tiene ventajas físicas reales?
  • ¿Tienen capacidad para llegar a los hitos clave?
  • ¿Tienen clientes reales?
  • ¿Sus indicadores técnicos mejoran?
  • ¿Su valoración está sobrevalorando años futuros?

Un sector puede ser grande, pero no siempre genera grandes retornos. Comprar caro puede significar años de espera para recuperar la inversión. La dificultad actual es: acertar en la dirección, pero pagar un precio equivocado o elegir mal la empresa.

Por eso, en este momento, las dos empresas más relevantes en la cuántica son IBM y GlobalFoundries, y seguirán saliendo otras en los próximos meses.

Con esto, la estrategia en la mesa cuántica queda clara: hay quienes fabrican, quienes mantienen la base, quienes desarrollan software, y quienes esperan que explote la demanda. Algunas desaparecerán, otras serán infraestructura básica.

La computación clásica construyó nuestro mundo digital, pero la cuántica nos recuerda que en el fondo, la realidad es más antigua y profunda que 0 y 1. Aún no ha llegado, pero llegará, en la forma más natural y conforme a las leyes de la creación.

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