Cuando una persona está cansada, es fácil que surjan indiferencia e irritabilidad; cuando está apretada económicamente, tiende a volverse estrecha y rencorosa; cuando está feliz, es más probable que tenga tolerancia y optimismo. Por eso, muchas veces, lo que llamamos carácter no es una cualidad fija de una persona, sino la manifestación externa del estado en el que se encuentra. La gente debe cultivar su corazón, pero también debe mejorar sus condiciones de vida.

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