La gran mayoría de las personas en este mundo son una multitud desorganizada.


No se preocupan a largo plazo por ideas abstractas, son más susceptibles a ser influenciadas por emociones, identidad y pertenencia grupal.
La multitud olvidará problemas complejos, pero recordará la ira simple.
Por lo tanto, una de las habilidades más importantes de un gobernante no es convencer a todos, sino ofrecer a todos una salida emocional lo suficientemente simple.
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