La alta sensibilidad nunca ha sido una deficiencia psicológica, sino un talento superior muy subestimado.


Una persona altamente sensible, una vez que deja de ser consumida por el mundo y comienza a tomar el control de su percepción, pasará de ser una víctima de las emociones a una persona que comprende la realidad.
Lo que realmente hace sufrir a los altamente sensibles nunca es la sensibilidad en sí misma, sino la falta de subjetividad, ser demasiado vulnerable a las emociones, evaluaciones y órdenes externas.
Nacen con un sistema de percepción extremadamente fuerte, capaz de ver a través de la naturaleza humana, las relaciones y el flujo emocional rápidamente, pero antes de despertar, esta habilidad solo los hace consumirse internamente.
Pero una vez que comienzan a dirigir su atención hacia sí mismos, dejando de aferrarse a la perfección, la pureza moral y el reconocimiento externo, y aprenden a entrar en la realidad en una postura de observador, actuando de manera flexible pero con un núcleo firme, la alta sensibilidad se convierte de una carga en un talento.
Pueden entender la mente de los demás y mantener la calma;
pueden ver claramente la situación sin ser arrastrados por las emociones.
Mientras otros avanzan con fuerza bruta y suerte, ellos confían en la comprensión de las lógicas subyacentes y en juicios precisos.
Los verdaderamente despiertos y sensibles ya no temen al mundo, sino que aprenden a usar su agudeza, percepción emocional y capacidad de adaptación, transformando en su arma más afilada aquello que antes les dolía.
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