Querer que los hijos mejoren cada vez más, los padres deben recordar:


1. No menospreciar a los hijos a largo plazo (dañar la autoestima);
2. No depender siempre de la educación mediante amenazas (crear miedo);
3. No intercambiar comportamientos por bienes materiales (distorsionar la motivación);
4. No obligar a los hijos a prometer en vano (fácil de aprender a ser indiferente);
5. No convertir la supervisión en control (debilitar la autonomía);
6. No quejarse repetidamente (provocar rebeldía);
7. No exigir obediencia inmediata (ignorar la gestión emocional);
8. No consentir sin límites (obstaculizar la independencia);
9. No cambiar las reglas a la ligera (quebrar la sensación de seguridad);
10. No mencionar constantemente requisitos por encima de la edad (golpear la autoestima).
Una buena educación no consiste en la represión y el control, sino en los límites; en el respeto y la estabilidad, permitiendo que los hijos construyan lentamente una sensación de seguridad; confianza en sí mismos y una personalidad independiente.
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