Alguien dice que, mientras el niño sea feliz, no importa si aprende o no. Pero la verdadera felicidad estable no proviene de evadir la presión y renunciar al crecimiento, sino de la capacidad, la competencia, el reconocimiento y el sentido de pertenencia. Aprender y ser feliz tampoco son opuestos; una persona que se dedica seriamente y crece continuamente, suele construir más fácilmente confianza en sí misma y estabilidad interior. El resultado quizás no sea tan importante, pero el proceso de crecimiento en sí mismo es una parte de la salud mental. Porque la verdadera y duradera felicidad de una persona, a menudo proviene de: tener la capacidad de afrontar la vida, en lugar de solo escapar de ella.

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