Cuando sientas que alguien es especialmente bueno, recuerda preguntarte, ¿a dónde fue su maldad? La naturaleza humana es completa, nadie es solo bondad. La verdadera cuestión no es si tiene agresividad, sino hacia dónde apunta esa agresividad. La primera, dirigir lo malo hacia uno mismo, lleva a vivir opresivo y doloroso. La segunda, convertir lo malo en fuerza, lleva a ser firme y tierno. La tercera, dejar lo malo a las personas más cercanas, lleva a aparentar en público y perder el control en casa, culpando a los seres queridos. Las personas verdaderamente maduras no fingen no tener lados oscuros, sino que se atreven a admitirlo y aprenden a controlarlo.

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