Hoy el anciano Huang y el anciano Ma ocuparon mi callejuela habitual para pasear.


¡Qué tontería, qué tontería! Que los dos ancianos crucen el océano no es fácil, dejémoslos que vean el mundo de las callejuelas.
Al evitar a unos viejos conocidos, me dirigí hacia el oeste.
La vida en el norte y en el sur tiene muchos caminos divergentes, no me molesten, solo quiero pasear.
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