Muchas personas siempre se sienten decepcionadas de los demás, no porque los otros sean demasiado malos, sino porque nunca han aceptado realmente quiénes son. No se atreven a admitir su egoísmo, vanidad, vulnerabilidad, y por eso luchan por convertirse en una "persona perfecta", y luego esperan que los demás sean así también, basándose en esa ilusión. Pero la naturaleza humana no es perfecta. Cuando comienzas a aceptar tu verdadera esencia, incluyendo esos aspectos no tan agradables, tendrás juicios más reales sobre los demás y el mundo. Aceptarse a uno mismo no significa abandonar el crecimiento. Significa dejar de huir de la realidad y de pretender ser noble.

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