Las personas pueden prometer sus acciones, pero no pueden prometer realmente sus sentimientos. Porque las acciones pueden ser controladas por la voluntad, mientras que las emociones en sí mismas cambian, fluyen y no están sujetas a la razón. Lo que se dice como "te amaré para siempre", "te odiaré para siempre" o "seré leal para siempre", en muchas ocasiones en realidad es una promesa de algo que ni siquiera uno mismo puede controlar completamente.

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