La muerte en realidad tiene señales previas. Cuanto más cerca está de irse, la energía en su cuerpo se vuelve más suave. La forma en que mira el mundo, cómo te mira, también se vuelve más apasionada. Estos cambios, quizás ni él mismo los perciba. Pero en cuanto te acercas, sientes vagamente que en el aire hay una tristeza indescriptible. Y luego, en una tarde soleada, de repente recuerdas que ya no está.

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