En muchas familias en China, los niños desde pequeños se ven obligados a asumir el papel de "cuidador emocional": escuchar durante mucho tiempo las quejas, presiones y dolores de su madre, en la relación actúan tanto como hijos como amigos, e incluso como "psicoterapeutas". Con el tiempo, el niño internaliza la creencia de que "la emoción de la madre es mi responsabilidad", y por ello mantiene la relación a través de ser comprensivo, complacer y reprimir sus propias necesidades. Cuando no puede satisfacer al otro, inmediatamente cae en la culpa y la autocrítica. Pero el problema es que los niños no tienen la capacidad de soportar traumas y emociones adultas, y esta sobrecarga emocional prolongada puede fácilmente causar ansiedad, ira, agotamiento, e incluso formar traumas sustitutos; al mismo tiempo, sus propias necesidades, emociones y yo auténtico permanecen invisibles durante mucho tiempo, lo que daña las relaciones de apego y dificulta la construcción de una sensación de seguridad estable y una verdadera autoidentidad.

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