Las personas que viven con claridad, suelen mantener una cierta moderación y sentido de límites en sus relaciones con los demás. Aunque la relación sea muy buena, no se acercan completamente sin distancia, sino que siempre dejan un espacio razonable y seguro. Porque las personas, como erizos, aunque estén demasiado cerca pueden calentarse mutuamente, también pueden lastimarse. Cuando la distancia demasiado cercana hace que la otra persona o uno mismo se sienta incómodo, es necesario retroceder un poco a tiempo, reajustar los límites. Una relación verdaderamente cómoda no es una proximidad sin fisuras, sino esa distancia de "justo adecuada" en la que ambos se sienten a gusto.

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