Hacer negocios y hacer inversiones, en esencia, son dos estructuras de habilidades diferentes. Los negocios son actividades dirigidas a otros, cuyo núcleo radica en influir en la percepción. Necesitas expresar, empaquetar y narrar para que los demás entiendan y reconozcan tu valor, lo que facilita la colaboración. Por lo tanto, requiere habilidades de comunicación, construcción de confianza, así como comprensión y uso de la naturaleza humana. La inversión, en cambio, es más una actividad dirigida a uno mismo. El mercado no cambiará por tu expresión, lo único que puedes controlar son tus juicios y acciones. Por lo tanto, el núcleo de la inversión radica en la autodisciplina: identificar y gestionar la avaricia, el miedo y las fluctuaciones emocionales, para que las decisiones sean lo más racionales y estables posible.

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