Ayudar a los demás depende fundamentalmente del sentido de límites, no del grado de intervención. Preocuparse excesivamente o asumir responsabilidades por otros no solo es difícil de cambiar en la otra persona, sino que también consume a uno mismo e incluso puede generar rechazo; la ayuda verdaderamente efectiva consiste en ofrecer apoyo dentro de las capacidades, siempre que la otra parte tenga la voluntad, pero sin tomar decisiones por ellos ni forzar a cambiar su percepción. La compasión madura es una claridad autocontrolada: no controlar los resultados, no agotarse en exceso, ofrecer ayuda en el momento adecuado y retirarse cuando no es apropiado.

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