Hoy al limpiar la mesa encontré un reloj despertador viejo, la batería ya no tenía carga y todavía lo dejaba allí, como mi antiguo hábito de detener pérdidas: aunque no fuera correcto, lo arrastraba, pensando "espera un poco más, quizás vuelva". El resultado fue que cuanto más retrasaba, más dolía, con pérdidas en la cuenta que se volvían insensibles, además de desperdiciar energía vigilando el mercado, sumando intereses y costos de oportunidad.



Últimamente todos vuelven a hablar de expectativas de reducción de tasas, el índice del dólar subiendo y bajando junto con los activos de riesgo, en realidad no puedo predecir esta tendencia macro, cuanto más intento adivinar, más me confunde. De todos modos, ahora prefiero ser más directo, como en una ruptura: aceptar la pérdida cuando corresponda, tirar el reloj si está roto, y dedicar un poco de energía a volver a la cabaña a leer.
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