Una persona que sube hacia lo alto, a menudo se vuelve cada vez más tranquila; cuando una persona comienza a bajar, sus emociones se vuelven cada vez más agitadas. La tranquilidad permite observarse a uno mismo; la humildad permite tolerar a los demás; y la impaciencia y la arrogancia son las más propensas a hacer que las personas pierdan la medida. La verdadera bifurcación en la vida nunca depende solo del esfuerzo, sino de si en los momentos clave aún se puede mantener la claridad y la calma.

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