La lógica oxidada detrás de la puerta



Existen estructuras; parecen ser una puerta, pero su función no es facilitar el paso, sino detenerlo. Cuando te paras frente a ella, te dicen que aquí hay un “paso”; sin embargo, la llave de este paso no está en los criterios objetivos que todos tienen a la misma distancia, sino en una lista arbitraria que no sabes exactamente qué nombre lleva. Aquí detrás de esta puerta está esa mentalidad que, con un anhelo anticuado de sacristía, paraliza los procesos modernos. Llámalo como quieras, ya sea una versión del filtro que se ha convertido en capricho...

Lo más molesto de esta forma de pensar es la imprevisible doble moral en su funcionamiento. Para algunos, el camino completamente abierto, para otros, está rodeado por una pared invisible al mismo tiempo. Esto no lo determina la competencia, ni la meritocracia, ni el esfuerzo demostrado. Lo que suele determinarlo es, en muchas ocasiones, un sentido de pertenencia perdido en el momento o una cercanía que, vista desde fuera, no se puede explicar. Si las reglas no establecen un precedente, allí no se habla de la existencia de reglas, sino de una especie de teatro extraño. Es una desigualdad arbitraria, que la razón racional no puede aceptar, y que la conciencia no puede soportar sin ser herida.

Quizá lo más doloroso sea que esta mentalidad sea el mayor obstáculo para quienes intentan hacer las cosas mejor, avanzar o reconstruir. Porque el esfuerzo por mejorar, avanzar o reconstruir algo, se basa en la justicia y en una apreciación transparente. Cuando tu camino está abierto, no te cansas porque no sabes dónde ni por qué se cortará. Cuando esa mentalidad oxidada se instala en los cimientos de un estándar que todos intentan elevar, lamentablemente, no hay ascenso, sino un agotamiento común. Porque en ese entorno, que se convierte en una lucha ciega, las personas no invierten su energía en crear, sino en superar escudos invisibles. Y esta situación no solo devora los esfuerzos individuales, sino también las posibilidades del futuro común.

Aquí, dentro de los límites de la cortesía diplomática, quiero decir que esta forma de pensar ya está pasada de moda, es un instrumento obsoleto. Detrás de cualquier justificación que se presente para protegerla, solo se puede encontrar el confort de un hábito antiguo. Es un terreno donde, en una comunidad madura, en un funcionamiento profesional y, lo más importante, en respeto a la dignidad humana, hablan las contribuciones concretas, no las intenciones, y todo funciona con la misma claridad para todos.

Para decirlo sin herir palabras: esta mentalidad no puede ser considerada un legado del pasado ni una piedra en la construcción del futuro. Cada discurso que intenta presentar esa injusticia, disfrazada de guardia en la puerta, como una virtud, en el mejor de los casos, está lejos de la sensatez. En términos más claros, esta forma de pensar no es más que una pared que construimos con nuestras propias manos, que no solo atrapa a los demás, sino también nuestro propio potencial.

Y hay que saber que ningún avance se logró atravesando una puerta cuya llave solo algunos llevan en el bolsillo. Los verdaderos pasos se dan cuando reconoces esas cerraduras extrañas en tu horizonte, y, dejando de lado esa puerta, comienzas a trazar un nuevo camino. Lo que no se puede aceptar es no ser condenado a esa lógica oxidada, sino enfrentarse a ella con valentía para cambiarla, sin caer en la trampa de seguir justificándola.
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HighAmbition
· hace2h
Hacia La Luna 🌕
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