En las relaciones parentales, los adultos tienen una influencia emocional y de poder más fuerte, mientras que la capacidad de autorregulación de los niños aún no está madura, por lo que es más fácil que sean definidos por el lenguaje y las emociones de los adultos. Cuando los adultos expresan en forma de negación o fuera de control, los niños no pueden escapar, solo internalizan estas evaluaciones, afectando su autoestima y formación de la personalidad. Muchas cosas que se llaman "desobedientes" en realidad son respuestas al estrés debido a un desarrollo inmaduro. La clave no está en controlar a los niños, sino en que los adultos primero estabilicen sus propias emociones, permitiendo que los niños aprendan cómo percibirse a sí mismos y al mundo en una relación segura.

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